El bosque de los ausentes
La invitación Me convencieron al mencionar el nombre del recorrido. Fue el pasado dos de enero, estábamos en la casa de mi abuela y Mateo y Daniela comentaban sobre un recorrido descubierto hace poco en no sé qué aplicación del celular. Desde hace unas semanas la vieja bicicleta de Daniela (antes, la vieja bicicleta de Mateo) era mía: una GW tipo Arrow que bauticé Diana. Ahora podía, por fin, empezar a acompañar a mi hermano en sus ciclopaseos. -La ruta se ve muy buena y los paisajes, ufffff, una chimba -me dijo Mateo. -La dificultad es moderada pero eso a vos te da, vos tenés estado físico -remataba. Por mi parte, el "moderado" de la dificultad era un susurro de advertencia. Hace más de cuatro meses que no boxeaba y mis ejercicios cotidianos se habían reducido a salir a caminar con Lucky. No me sentía, precisamente, con un estado físico destacable. Por el contrario, me era fácil imaginarme ahogado por el asma en mitad de una loma, sin poder dar un pedalazo más. Así la...